Criterios de adjudicación y fórmula del precio: dónde se gana de verdad

Dos contratos con el mismo objeto y el mismo presupuesto se ganan de formas opuestas según cómo repartan los puntos. En uno, la mejor memoria técnica del sector no compensa una baja de tres puntos porcentuales. En otro, bajar el precio por debajo de cierto umbral no suma absolutamente nada. Saber en cuál de los dos estás antes de decidir la oferta es la diferencia entre competir y regalar margen.

Lo primero: cuánto pesa cada cosa

Los criterios se dividen en dos familias. Los evaluables mediante fórmula, que son automáticos y no admiten discrecionalidad: precio, plazo, mejoras cuantificables. Y los sujetos a juicio de valor, que valora la mesa o un comité de expertos leyendo tu memoria.

El reparto entre ambas familias te dice a qué dedicar el esfuerzo. Si el precio vale 90 de 100, la memoria técnica es un trámite y la decisión es financiera. Si los criterios de juicio de valor pesan 60, el contrato se gana escribiendo bien y demostrando experiencia, y entonces conviene mirar quién redacta esa memoria y con cuánto tiempo.

Las tres fórmulas de precio más frecuentes

No hay una fórmula única en la contratación pública española. Cada pliego elige la suya, y cada una premia un comportamiento distinto.

Proporcional a la baja máxima

Puntos = Pmax × (baja de la oferta ÷ baja de la mejor oferta)

Premia bajar más que nadie. Los puntos dependen de lo que hagan los demás, no de tu precio en abstracto, así que el resultado no se puede calcular de antemano. Favorece a quien tiene estructura de costes para sostener una baja agresiva.

Proporcional al presupuesto base

Puntos = Pmax × (presupuesto − oferta) ÷ presupuesto

Reparte de forma más plana. Una baja del 10 % da la décima parte del máximo, gane quien gane. Es predecible y castiga menos la prudencia, así que suele beneficiar a la oferta técnicamente sólida frente a la más barata.

Con umbral de saciedad

La puntuación deja de crecer a partir de una baja determinada

Es la señal más clara de que el órgano de contratación no quiere una guerra de precios. Bajar por debajo del umbral regala margen sin comprar ni un punto. Detectarlo cambia por completo la estrategia económica.

Los tres detalles que deciden y casi nadie mira a tiempo

El umbral técnico mínimo. Muchos pliegos exigen una puntuación mínima en juicio de valor para pasar a la apertura económica. Si no la alcanzas, tu precio no llega a leerse. Condiciona toda la estrategia y suele estar en una línea perdida del cuadro de características.

Los parámetros de anormalidad. Definen a partir de qué baja tu oferta se presume temeraria y tienes que justificarla con una estructura de costes. Bajar sin haberlos leído es entrar a ciegas en un trámite que se pierde por no responder a tiempo.

Las mejoras admitidas. Cuando el pliego las cuantifica, son puntos baratos: horas adicionales, ampliación de garantía, equipamiento. Cuando no las cuantifica, ofrecer de más solo te cuesta dinero sin comprar puntuación.

Leerlo antes, no después

Todo esto está en el pliego de cláusulas administrativas, repartido entre el cuadro de características y varios anexos, redactado en un lenguaje que no ayuda. Extraerlo a mano lleva horas y es precisamente el trabajo que hay que hacer antes de decidir si merece la pena presentarse.

LicitAI lo extrae del expediente y lo presenta junto: el reparto de puntos entre criterios automáticos y de juicio de valor, la fórmula concreta aplicada al precio, los umbrales y los parámetros de anormalidad. Cada dato con el documento y la página de los que sale, para poder contrastarlo con el original.

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Este contenido es informativo y no constituye asesoramiento jurídico. Ante una duda concreta sobre un expediente, consulta con un profesional.